Ototoxicidad en el cáncer infantil

 
 

Estudio

Una niña tratada contra el cáncer. (Fuente: Fundación Josep Carreras)


A la vista de los graves efectos secundarios de ciertos medicamentos empleados en las terapias contra el cáncer causan en la audición de los niños, la especialista en Audiología Sheila Templado y la doctora experta ORL María Teresa Almela sugieren las Otoemisiones Acústicas por Productos de Distorsión y la audiometría en alta frecuencia como métodos de seguimiento y monitorización de estos casos para poder prevenirlos.

Ciertos medicamentos quimioterapéuticos (cisplatino, carboplatino), y antimicrobianos (gentamicina, tobramicina, vancomicina y amikacina) son tóxicos para las estructuras del oído interno y pueden causar acúfenos, pérdida de audición y disfunción vestibular. Estos efectos secundarios, denominados “ototoxicidad”, pueden disminuir la calidad de vida psicosocial, física y general de los pacientes, y aparecer durante o después del tratamiento.
Los agentes de platino (cisplatino y carboplatino) han mejorado las tasas de curación de muchos cánceres infantiles, pero su uso puede provocar pérdida auditiva neurosensorial irreversible de alta frecuencia. El déficit es progresivo al aumentar la dosis acumulativa de cisplatino.

Las conclusiones en cuestión de tasas de afectación de algunos estudios científicos sobre ototoxicidad en la población pediátrica sometida a estos tratamientos son: “Aproximadamente el 50% de los niños tratados con regímenes basados en cisplatino desarrollan algún grado de pérdida auditiva permanente. En altas dosis, hasta el 90% de los niños pequeños pueden sufrir déficits de moderados a severos, con una pérdida auditiva grave hasta en un 25% de los casos.”
La patología del oído inducida por radiación puede afectar a todas las partes del sistema auditivo. La radioterapia craneal, cuando se usa como una modalidad única, generalmente produce ototoxicidad solo cuando la dosis coclear supera los 32 Gy. La edad del paciente joven y la presencia de un tumor cerebral y/o hidrocefalia pueden aumentar la susceptibilidad a la pérdida de audición.

Sin embargo, cuando se usa junto al cisplatino, la radioterapia puede agravar la pérdida de audición asociada a los agentes quimioterápicos derivados del platino. La susceptibilidad individual a la ototoxicidad del cisplatino es variable. Se ha demostrado que entre el 38-47% de la variación humana en la susceptibilidad a la ototoxicidad inducida por cisplatino se debe a variables genéticas.

Los niños son más susceptibles a la ototoxicidad de los agentes derivados del platino que los adultos.
El mecanismo de la toxicidad coclear del platino es a través de la interferencia con la transducción de señales del órgano de Corti en la cóclea.

Se producen daños en tres estructuras concretas:
  • • Las células ciliadas externas (células efectoras)
  • • El ganglio espiral (suministro de nervio principal de la cóclea)
  • • La estría vascular (suministro de sangre primaria)
Las células ciliadas cocleares están dispuestas de tal manera que cada célula ciliada es sensible a un rango de frecuencias limitado. El daño relacionado con la quimioterapia comienza en la células ciliadas externas de la base de la cóclea, donde se procesan los sonidos de alta frecuencia. Por lo tanto, el uso de compuestos de platino puede resultar en una pérdida auditiva neurosensorial bilateral, que inicialmente involucra las frecuencias más altas ((≥8 kHz).


Sheila Templado.

Con el aumento de las dosis acumulativas de quimioterapia, o cuando se combinan con otros factores ototóxicos, como la irradiación antes de la quimioterapia, la pérdida de células ciliadas puede progresar apicalmente en la cóclea, e involucrar la percepción del habla.

Varios factores determinan el riesgo de pérdida de audición con el uso de agentes de platino. Los principales factores de riesgo son:
  • • La edad más joven.
  • • Una mayor dosis acumulativa de quimioterapia
  • • Los tumores del sistema nervioso central (SNC)
  • • La radiación concomitante del SNC.
Otros factores pueden contribuir a la pérdida de audición asociada con agentes de platino. Los medicamentos como los antibióticos aminoglucósidos y los diuréticos de ASA, utilizados como tratamientos complementarios, también pueden contribuir a la ototoxicidad.


María Teresa Almela.

La función renal deteriorada puede retrasar la excreción de los agentes de platino ototóxicos. La presencia de patologías del oído coexistentes, como otitis crónica, derrames del oído medio o acumulación de cerumen, pueden empeorar aún más la deficiencia auditiva.

• El tiempo medio para la observación de la ototoxicidad según lo evaluado por los criterios de ASHA (American Speech-Language-Hearing Association) es de 135 días. En este periodo de tiempo, ningún paciente muestra mejoría en la audición y la mayoría de las revisiones sugieren que la pérdida de audición es permanente y estable después de completar la terapia. En ocasiones se han observado pérdidas auditivas progresivas hasta 136 meses después del final del tratamiento con compuestos de platino en pacientes pediátricos.

Pérdida auditiva en la infancia

La pérdida de audición en los niños puede afectar a la calidad de vida, al desarrollo socioemocional, al rendimiento académico, al desarrollo psicosocial y a la adquisición del habla y del lenguaje. La identificación temprana de deficiencias auditivas es importante para facilitar la adquisición normal o casi normal de las habilidades de lenguaje, académicas y de afrontamiento, especialmente en niños pequeños.

En el caso de los niños sometidos a este tipo de tratamientos, la ototoxicidad pasa a un segundo o tercer plano. La vida prima sobre todas las cosas y los efectos colaterales que pudiese tener en la audición son un “mal menor” que, en muchos casos, hay que asumir.

Los programas de detección precoz y seguimiento en estos pacientes de riesgo no están generalizados en España. Con protocolos exhaustivos y técnicas de exploración que permitan el diagnóstico precoz, como son las Otoemisiones Acústicas por Productos de Distorsión (PD-Grama) o audiometrías de alta frecuencia (≥8 kHz), que permitan una monitorización continuada en el tiempo de la afectación, o no, de estos tratamientos en el paciente, se podría minimizar el impacto que pudiese tener una afectación progresiva en la audición.

Las emisiones otoacústicas por productos de distorsión son una prueba muy útil para detectar los cambios en la función auditiva causados por la ototoxicidad, más en niños que no colaboran por su corta edad y que no se pueden evaluar mediante audiometría tonal o los resultados presenten una fiabilidad baja.

Respecto a la audiometría tonal de alta frecuencia, se manejan estadísticas muy elevadas de afectación. En más de un 80% de los oídos estudiados se ha evidenciado pérdida auditiva, de los que en su mayoría, se encontraban en frecuencias superiores a 8 kHz.

Es de especial importancia que los niños enfermos de larga duración, tras superar la enfermedad, vuelvan a recuperar la mayor normalidad en las rutinas de su vida, esforzándonos lo máximo posible en que las condiciones sean semejantes a los niños de su edad, y que la enfermedad tenga el menor impacto posible, minimizando sus secuelas; y esto también es necesario en lo relativo a la audición.

La concienciación sobre la importancia de la audición, entre los diferentes profesionales implicados en el tratamiento del niño oncológico así como sus familias, la información y formación de las implicaciones en el desarrollo de una correcta audición en la infancia, así como las consecuencias de su deterioro y la divulgación de estos términos en la sociedad para crear conciencia de la importancia de la implementación de la disciplina de la audiología en los pacientes oncológicos, se convierten en una tarea pendiente en nuestro sistema de salud.

Fundación Josep Carreras: “Imparables hasta que la curemos”

Cada año miles de personas en el mundo enferman de leucemia. La Fundación Josep Carreras contra la Leucemia nació en 1988 con la intención de contribuir a encontrar una curación definitiva para esta enfermedad y mejorar la calidad de vida de los pacientes. Una vez restablecido de su enfermedad, Josep Carreras creó la Fundación para agradecer la ayuda de la ciencia, así como las múltiples muestras de afecto recibidas. La Fundación concentra sus esfuerzos en las siguientes áreas básicas:
-“Imparables hasta que la curemos”, en la que la entidad ha invertido desde su creación más de 250 millones de euros en proyectos de investigación. En 2010 nació el Instituto de Investigación contra la Leucemia Josep Carreras (IJC) de la mano de la Generalitat de Catalunya y de la Fundación Josep Carreras. Es el primer centro de investigación de Europa y el más grande dedicado exclusivamente a la investigación de la leucemia y los demás cánceres de la sangre.
-”Hasta encontrar un donante compatible para todos los pacientes, no pararemos”.Para que ningún paciente se quede sin una oportunidad de curación por no disponer de donante de médula ósea compatible, en el año 1991 la Fundación creó el REDMO (Registro de Donantes de Médula Ósea). Gracias a esta iniciativa, los pacientes españoles pueden acceder a más de 34 millones de donantes de médula ósea y a las más de 700.000 unidades de sangre de cordón umbilical disponibles en todo el mundo. En los últimos 31 años, más de 10.000 pacientes españoles que requerían un trasplante y no tenían un familiar compatible han podido ser tratados gracias a un donante anónimo localizado por el Registro de Donantes de Médula Ósea de la Fundación Josep Carreras.
-”Seguiremos imparables intentando mejorar la calidad de vida de los pacientes”.La Fundación ofrece un servicio gratuito de asesoramiento médico, así como alojamiento para pacientes con recursos económicos limitados que deben trasladarse lejos de su domicilio para recibir un tratamiento prolongado. Más de 350 familias han podido alojarse en nuestros pisos para recibir tratamiento y estar cerca del hospital.
Todo su esfuerzo persigue un único objetivo: que la leucemia sea, algún día, una enfermedad curable en todos los casos. A pesar de los avances logrados en los últimos años, aún perdemos dos de cada diez niños y la mitad de los pacientes adultos. Hasta que la curemos, no pararemos.


S. T. y M. T. A.