Utilizar los análisis EMA para personalizar mejor los ajustes audiológicos

 
 
 

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La EMA, de Ecological Momentary Assesment (Evaluación ecológica momentánea), forma parte de la investigación en la audiología y consiste en la recogida de información sonora procedente de múltiples fuentes en tiempo real. Los audífonos conectados son, por supuesto, una de estas fuentes, y una buena manera de asegurar que se evalúa con exactitud el entorno sonoro del usuario en su vida cotidiana.

Las personas con problemas de audición quieren cada vez más que sus audífonos se adapten perfectamente a sus necesidades, con flexibilidad y facilidad. La evolución de la tecnología permite a los profesionales satisfacer sus demandas adaptándose a su entorno real y cotidiano, y no a los sentimientos, a menudo sesgados, que transmiten a su audiólogo durante su cita en el gabinete.

Los profesionales de la audición no pueden seguir a sus pacientes en el mundo “real”, por lo que los ajustes que establecen en la cabina no siempre se corresponden con lo que esas personas experimentan luego en su vida diaria. En la cabina escuchan todo con claridad, pero en el mundo exterior se sienten decepcionados. La amplificación del sonido permite oír mejor. Sin embargo, lo que inicialmente mejoraba la comprensión en el entorno protegido del centro auditivo, luego es solo ruido en la vida real.

“No tenemos acceso al entorno sonoro de los pacientes, sobre todo porque cada persona desarrolla un entorno personal propio. Algunas personas serán más sensibles a ciertos sonidos que otras, algunas situaciones les parecerán insoportables, mientras que a otras no les resultarán incómodas”, explica Donald Hayes, director de Audiología de Unitron. “No es posible duplicar el mundo exterior tal y como lo percibe cada uno dentro de su cabina, y no hay un entorno único en el que ajustar los instrumentos. Así que es difícil tomar las decisiones correctas cuando estás fuera de la burbuja del paciente y tienes que confiar en sus sentimientos”, añade.

Descripciones inexactas por parte del paciente

Sobre todo, porque la cita no tiene por qué llegar inmediatamente después de sentir las molestias. El audiólogo se encuentra a menudo perdido ante las quejas de su paciente, que a menudo ha olvidado las sensaciones y sus causas y ya no está realmente seguro de lo que le conviene o no. Así es difícil perfeccionar los ajustes.

Aquí es donde entra en juego la EMA, es decir, la Evaluación Ecológica Momentánea: una recogida repetida de información sonora en tiempo real y en el entorno cotidiano con múltiples fuentes, incluidos los audífonos conectados. Donald Hayes lo explicó a través de los resultados de un estudio en el que participó, en 2020, en colaboración con Danielle Glista, Reg Caslpo, Robin O’Hagan, Leonard Cornelisse, Tayyab Shab, Sean Doherty, Jason Gilliland y Susan Scollie.

Con esta experiencia piloto se pretendía recoger y relacionar datos concernientes con las múltiples facetas del entorno auditivo para permitir una mayor personalización en la adaptación de los audífonos. Se utilizaron varias modalidades de recogida de datos, que permitieron tanto el análisis del entorno sonoro como la información basada en la localización y la retroalimentación.

Cruce de datos de diferentes dispositivos

Seis voluntarios del equipo de investigación, que no tenían problemas de audición, estaban equipados con varios dispositivos de recogida de datos sonoros, incluidos audífonos ajustados para no transformar los sonidos percibidos, conectados a un ordenador portátil, un sistema Lena para medir el nivel medio de decibelios a intervalos regulares y un sistema GPS.

También se pidió a los participantes en el estudio que respondieran varias veces al día a cuestionarios sobre su experiencia en una situación determinada, como su ubicación, su actividad, el nivel de ruido que sentían, la claridad de su escucha o el esfuerzo que hacían para oír mejor.

El cruce de las distintas fuentes de datos permitió identificar ciertas situaciones, como un viaje en coche, que sin los datos del GPS se habrían clasificado simplemente como una situación ruidosa. Esto también permitió comparar el nivel registrado por los audífonos con los niveles registrados por el dispositivo Lena en diferentes situaciones: en casa, en actividades de interior o exterior, conduciendo o viajando en coche... El tipo de escucha también se analizó según si el participante estaba escuchando activamente, analizado por los audífonos como conversación, o pasivamente, marcado como ruido. También se tuvo en cuenta el contexto social. El estudio permitió igualmente relacionar las evaluaciones subjetivas del nivel de ruido con las registradas por los distintos dispositivos.

Lo más parecido posible a las experiencias reales de los participantes

Los métodos de investigación de la EMA permitieron captar una descripción de la información contextual, basada en las experiencias reales de cada participante.

“Este tipo de estudio también permite a los profesionales de la audición comprender mejor las quejas de sus pacientes. Por ejemplo, se ha demostrado cómo un individuo eleva su voz varios decibelios en respuesta al ruido ambiental, por ejemplo en un restaurante, o cómo los pacientes describen un simple entorno ruidoso cuando las grabaciones muestran principalmente un nivel muy alto de música de fondo”, explicó el Dr. Donald Hayes. “Con los audífonos conectados, los ajustes que realice pueden ajustarse realmente a las necesidades de sus pacientes. El análisis de los datos registrados por los audífonos en las zonas más frecuentadas por el paciente permite perfilar objetivamente los entornos del paciente y realizar los ajustes adecuados a sus condiciones reales”, concluyó.

Un equipo técnico un poco voluminoso

Con el fin de llevar a cabo el estudio, los voluntarios fueron equipados con una mochila para llevar juntos los distintos dispositivos de recogida de datos: smartphone, ordenador portátil, sistema Lena, GPS, audífonos conectados a un ordenador portátil a través de la interfaz Hi-Pro 2 concebida para programar los audífonos. Los participantes consideraron que el equipo era voluminoso, sobre todo en situaciones de interacción social, por lo que no siempre lo llevaban consigo, lo que fue en detrimento de la precisión de los resultados.

Nathalie Bloch-Sitbon (trad. J. L. F.)